Si alguien tira tu primoroso pañuelo, blanco y limpio, a un estercolero o a un lodazal probablemente lo abandonarás allí, dolido y asqueado. A no ser que la prenda tenga para ti un especial valor por ser, por ejemplo, herencia y recuerdo de tus abuelos o de tus padres. En este caso,  vencerás el asco, lo rescatarás, lo limpiarás concienzudamente, lo restaurarás y volverás a lucirlo con orgullo y también con cuidado para que nadie lo pueda dañar. Bien conocido es, a estas alturas, el estercolero y lodazal de las derechas extremas de este país donde burbujean las heces del insulto, la insidia,...

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