Creo que fue Agustín de Foxá quien dijo, y Pio Baroja quien repitió, aquello de que los españoles “estamos condenados a ir siempre detrás de los curas, o con el cirio o con el garrote”. Ahora parece que toca ir con el cirio por “obra y gracia” de un Gobierno sedicente progresista o de izquierdas y en una España constitucionalmente aconfesional.
La coartada es que el Papa es un jefe de Estado y por eso pasa revista a las tropas y habla en el Congreso, pero en realidad se le trata y recibe, sobre todo, como “vicario de Cristo” y “pastor universal” y por eso predica, hace proselitismo y catequiza al personal. Eso sí, a costa del erario público.
Pero aquí hay más cirios: también el de los evangélicos y/o pentecostales que “contraprogramaron”, hace unos días en el Metropolitano, con sus primeras figuras como Franklin Graham o Dani Alves. Lo que quiere decir que también en las cosas de “tejas arriba” están esas dos Españas que “nos hielan el corazón”.
La confrontación política, pura y dura, está servida, pues, en el “reino de los cielos”: León XIV contra Donald Trump; Sánchez y compañía versus Ayuso y Feijóo y, por cierto, Abascal que no sabe bien donde meterse. Y es que, de tejas abajo, todo es política por mucho que se trate, arteramente, de distinguir, subdistinguir o disimular.
En realidad, estamos ante gigantescas, espectaculares y costosas operaciones de marketing político y proselitismo religioso, de alcance global, que -me malicio- buscan la adhesión masiva del personal y su alienación para que los individuos y el grueso de la ciudadanía pierdan el control sobre sí mismos, volviéndose ajenos a su propia naturaleza. Todo ello muy de las religiones, sectas o ideologías de carácter dogmático, sectario o autoritario.
Y lo peor del asunto es que, cuando la enajenación se vuelve insoportable y las libertades y derechos no encuentran salida, la cosa suele acabar en “duelo a garrotazos”, como tan bien “documentó” Don Francisco de Goya y Lucientes.
Yo lo veo así.