A este Gobierno no le faltaron crisis que lo han puesto a prueba. Basta recordar, por ejemplo, la pandemia del Covid-19, la borrasca Filomena, la erupción del volcán Tajogaite de Cumbre Vieja en la Palma, la Dana de Valencia, el accidente ferroviario de Adamud, la gestión sobre el crucero M.V. Hondius con un brote de hantavirus, la creciente ola de incendios forestales de sexta generación, caracterizados por una virulencia extrema, un comportamiento imprevisible y una capacidad destructiva sin precedentes y, ahora, la crisis humanitaria en Ceuta.

En todas ellas, salvo en la crisis migratoria ceutí, el Gobierno de coalición desde sus competencias, lideró y desarrolló una respuesta y una gestión adecuada y positiva. Más allá  de algunas carencias, insuficiencias o errores y titubeos comprensibles en gestiones y respuestas de evidente complejidad, en general y esencialmente, el Gobierno logró responder con eficacia a los gravísimos problemas plateados y a las necesidades y efectos negativos que toda crisis genera. Incluso puede apuntarse una gestión exitosa y brillante, sin duda alguna, en alguno de los casos, como el de la amenaza que supuso el  crucero portador del hantavirus.

Y todo esto se logró con y desde una mayoría parlamentaria, digamos difícil y fluctuante, y con una oposición atrabiliaria, totalmente irresponsable y desleal con el país, que afronta las crisis y catástrofes únicamente desde sus meros intereses partidistas, más bien mezquinos, y fuera de la política de Estado y de defensa y protección de la ciudadanía. Para probar esta torpe reacción basta recordar como los Gobiernos autonómicos, gobernados por la oposición respondieron y gestionaron las crisis que tuvieron que abordar, también desde sus competencias. Por ejemplo, la gestión de la Dana, desde la Generalitat valenciana con Mazón al frente, o la muerte, durante la pandemia, de 7.291 personas mayores sin asistencia hospitalaria en residencias de la tercera edad no medicalizadas, en virtud de un criminal protocolo sanitario del Gobierno de Ayuso en la Comunidad de Madrid.

Pues bien, el Gobierno de Coalición, a pesar de todo esto, logró gestionar esencialmente con acierto estas crisis, con la excepción del caso de Ceuta.

No sé si estarán bien gestionadas las causas y consecuencias internacionales y diplomáticas de la crisis migratoria ceutí, porque o no se explicaron o porque yo no he logrado conocerlas y saberlas. Pero  si sé, con certeza, que en la gestión de la crisis humanitaria de Ceuta,  los Gobiernos de Coalición y el de la Ciudad Autónoma de Ceuta han fracasado. El Gobierno de Ceuta por incapacidad, prácticamente “física” para responder, pero el Gobierno de España por un evidente fracaso de gestión, puesto que cuenta con medios adecuados y suficientes para una respuesta humanitaria congrua y adecuada para abordar los problemas causados a la población ceutí  y para cubrir las necesidades más elementales de las personas desplazadas, de las niñas, niños y mujeres en situación de total desamparo y en riesgo de sufrir violencia y para garantizar los derechos legítimos de los inmigrantes solicitantes de asilo.

En estos problemas derivados de la crisis migratoria en Ceuta y que atañen al corazón mismo de los más elementales derechos humanos, el Gobierno de Sánchez, ha fracasado. A menos hasta el momento y, en consecuencia, ya va tarde.

En esta situación el Gobierno debe reconocer y explicar bien este fracaso, asumir las responsabilidades políticas que de ello se deriven y rectificar de inmediato.  Porque el tiempo corre en contra de la salud y la vida de miles de personas en situación de altísima precariedad, al tiempo que daña la convivencia y la calidad de vida de las ciudadanas y ciudadanos de Ceuta que, por cierto y de un modo general y mayoritario, han dado un alto ejemplo de sensatez, resiliencia, civismo y solidaridad.

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