Se abre la “Puerta Santa” que inicia el “Año Santo Jubilar Compostelano”, denominación esta que se corresponde con la decisión  de Calixto II, en el siglo XII, de crear el Año Santo, dentro de aquella estrategia eclesiástica del comercio de las indulgencias. Pero las peregrinaciones habían comenzado mucho antes, probablemente para rendir culto, clandestino y bajo la tapadera del Apóstol, al heresiarca  Prisciliano. Desde entonces el Año Santo tuvo sus altos y bajos, llegando incluso a casi desaparecer las peregrinaciones o a quedar reducidas a lo local. Pero, en los años noventa del pasado siglo, el fenómeno  renace, crece y se divulga “El Xacobeo”, nombre un tanto civil con mascota incluida.

Este Xacobeo es, pues, reciente y conviene conocer su microhistoria. No vaya a ser que nos endilguen cualquier origen milagroso, otra vez. El Xacobeo nace en 1993, pero realmente fue concebido en un día  caluroso de julio de 1990.

Aquel día, el entonces Conselleiro Portavoz de la Xunta, Victor Vázquez Portomeñe, se reúne para comer con el Secretario Xeral Técnico de su Consellería, Rubén Lois Calviño, con Manuel Silva Romero, Director Xeral de Relacións Institucionais, y con Xavier Sánchez de Dios, a la sazón jefe de su Gabinete de Comunicación. Almuerzan una tortilla de patatas en un bar llamado “El Portugués”, cercano al Parlamento, y siguen las noticias de la tele, que ese día se explaya en los  preparativos de los dos eventos estrella de aquellas fechas: la “Expo” de  Sevilla  y las Olimpiadas de Barcelona, previstas para el 92.

Comenta entonces Portomeñe la fortuna de Andalucía y de Cataluña por contar con eventos de tan ventajosas consecuencias económicas, de tanta repercusión política  y de tanta proyección universal, y se lamenta de que Galicia no tenga una oportunidad similar. En el curso de la conversación es Rubén Lois quien sugiere la posibilidad de hacer algo similar alrededor del Año Santo próximo y se habla de que una cosa así tendría la ventaja, además, de poder repetirse cíclicamente. De inmediato Portomeñe, con la intuición y agilidad que lo caracterizan,  propone tratarlo seriamente y se pasa a la acción. Así se concibió el Xacobeo que vería la luz en el 93.

Portomeñe hace la propuesta a Manuel Fraga, recién llegado a la presidencia de la Xunta de Galicia,  que enseguida ve sus posibilidades, seguramente por su “vieja sensibilidad turística” y la Xunta de Galicia se aplica a lanzar “El Xacobeo1993”. No se repara en medios y se logra implicar prácticamente a toda Galicia y al propio Estado. La Iglesia ofrece el mito y las bendiciones; el sector turístico y la hostelería ponen  el entusiasmo; el deterioro industrial de Galicia crea la demanda de salidas ; las fuerzas vivas de la cultura y la comunicación aportan el barniz  y la perspectiva de una proyección universal del país; y  la Xunta de Galicia suelta la pasta pública y articula la logística y la propaganda necesarias. Es prácticamente todo el país el que empuja y las voces de los cautos, reticentes o críticos no se oyen, porque el barullo entusiasta de los ilusos es enorme.

El Xacobeo es un éxito, satisface los intereses de muchos y levanta la paletilla de un evento que perdía fuelle. A partir de aquí todo crece: los estrictamente peregrinos, que ganan “la Compostelana”,  pasan de unos cuantos a cientos de miles al año; los turistas, cuyas pernoctas se cuentan, alcanzan cifras millonarias, y los visitantes, que invaden Santiago prácticamente todos los días del año, son multitud.

Crece lo que crece, pero también se consolida un monocultivo económico, que es  pan precario de hoy y hambre de mañana.

 

 

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